El timo del aula digital

elincordio.com El curso ha empezado mal, cuando menos para mí, que arrastro una mala leche de aquí te espero. Ayer fui a la Caixa (encima, a la Caixa, sin otra opción posible), a aflojar los 150 euros de la mierda de ordenador de necesaria uniformidad reglamentaria para el 2º de ESO del cole de mi hija pequeña. No sé cuántos coles más estarán metidos en el charco; sé que no todos, pero no sé si los encharcados son muchos o son pocos, mayoría o minoría. Olvido decir, perdón, que mi hija va a un cole concertado. Creo que en la pública ya están todos en el ajo, aunque tampoco sé con qué extensión de la ESO.

Ordenador, está claro, a piñón absolutamente fijo: hierros Toshiba a la trágala y sistema operativo -insoslayablemente obligatorio, como puede suponerse- la mierda de Window$. Los de Micro$oft se van perfeccionando. Han dedicado ingentes energías a impedir que podamos comprar ordenadores sin sistema operativo instalado o con un sistema operativo no Micro$oft; empresa en la que han tenido bastante éxito porque, aunque el tinglado puede ser puenteado, no es fácil y cuesta un esfuerzo y unos cuantos cagamentos. Pero, a las malas, siempre te quedaba el recurso de no comprar: bueno -podía decirse uno- para tenerme que comer esa mierda de sistema operativo, no compro ordenador y que le den por el culo a quien todos sabemos. Ahora, ya digo, gracias a la munificiencia de la Generalitat de Catalunya (otra partida a la factura de Montilla que le pagaré gustoso votando, como ya anuncié ayer, al Partit Pirata de Catalunya en las próximas elecciones) tengo que comprar ordenador por cojones, tengo que comprar Toshiba por cojones y el sistema operativo ha de ser Window$ por cojones. Esta es la democracia que tanto nos cacarean.

En primer lugar, habría que haber debatido, larga y extensamente, con prolija participación de los padres y, por supuesto, de profesores, la necesidad de la llamada aula digital ya, ahora, y así de golpe; establecida, en su caso, esta necesidad, podría haberse debatido la necesidad de que estuviera implementada sobre la base del PC y no, por ejemplo, sobre el lector de libros electrónicos o sobre el Tablet PC; podría haberse debatido en qué niveles educativos debía implementarse y en cuáles sería contraproducente; podía haberse debatido la progresividad de la introducción del invento, tanto en horizontal (qué cursos, qué niveles) como en vertical (¿un instrumento por alumno? ¿instrumentos a compartir?).

También se podía haber ordenado al sistema educativo la implantación de formatos estándar y libres en todo el sistema -público y concertado-, establecer unos requisitos mínimos para los ordenadores y que cada padre, madre y perrito que ladre compraran a sus hijos lo que les saliera de sus venerandas partes pudendas y donde les saliera de sus reverendos equipamientos reproductores y equipado con el sistema operativo que les diera la gana. Todos contentos, la enorme pastizara de la inversión perfectamente repartida entre todos los establecimientos o distribuidores del mercado (que, a su vez, hubieran echado a correr a competir con ofertas a cuál más ventajosa) y los niños fardando de colorines y de que el mío es más bueno que el tuyo porque tiene más puertos USB pero cállate gilipollas que el mío equipa una tarjeta gráfica que se ve Montserrat en tres dimensiones. Los niños, esos encantos… Y una mierda.

Llegó Micro$oft, llegó Toshiba, llegó la industria editorial, llegaron los inevitables Telefoníca y T-Systems, entraron (se diría que a saco) en el Palau de la Generalitat, se reunieron con Montilla y, entre todos, han puesto el culo de todos los padres (y madres) catalanes como un bebedero de patos, en una de las inmoralidades políticas, sociales y educativas más gordas que se han visto. Digo «una de las más gordas», porque afirmar récords absolutos ahí es absolutamente imprudente, con la que está cayendo democráticamente.

Encima, hay rumores de que la mierda de ordenador en cuestión viene cerrado por todos los lados. Bueno, veamos… Es mi ordenador, es mi máquina, y haré con ella lo que me dé la gana, hasta ahí podíamos llegar. Si está cerrado, ya lo abriré a mi gusto y ganas.

Luego está lo de los libros. Libros digitales, dicen… Bueno, pues uno pensaba que darían a los niños un CD con los libros en PDF en un formato aceptable o bien un enlace para descargárselos de la red. Y otra mierda.

Enlace en la web, sí, pero no para bajarse nada, sino para acceder a los contenidos on line. Contenidos que serán inaccesibles una vez se termine el curso. Otros que progresan: hacían encajes de bolillos para impedir que los libros pudieran pasar de hermano mayor a hermano pequeño y asegurarse así el negociazo; ejercicios sobre el propio libro (con la impagable… no, muy bien pagada… colaboración del propio cole, privado of course), reediciones anuales con cambios radicales en la paginación y cambios insustanciales en la redacción de contenidos pero lo suficientemente distintos de los anteriores como para que un chaval que aprovechara el libro no pudiera seguir fácilmente con él el ritmo de la clase, y un montón de etcéteras que todos los padres sabemos y sufrimos. Ahora ya no necesitan encajes de bolillos: simplemente, te venden un libro que no te entregan y para que pueda usarlo el que viene detrás (y esta vez sí que no habrá reediciones, ni repaginaciones, ni leches), a pagarlo otra vez por nuevo… para un solo otro curso.

Esto es una estafa de dimensiones acojonantes, es atracar a un país entero (aunque no por primera vez, todo hay que decirlo). Por supuesto, de la industria editorial tomaré venganza fiera: me cobraré sus libros de texto irreciclables en sangre de P2P, mira, así yo también me apuntaré al invento, que lo de la música y el cine no me llamaban lo suficiente. De los demás, no lo sé. Por supuesto, Toshiba queda radicalmente proscrito de mi casa para los restos y con Micro$oft, Telefoníca y T-Systems -chicos, estos últimos, conocidos por ser tan eficientes- ya estaba en guerra. Solo o en compañía de otros.

Esto es lo que podemos esperar de nuestros políticos y de la atención que prestan a nuestras aspiraciones, a nuestras necesidades y nuestros intereses. Más mierda.

¡Ah! Y a beneficio de inocentes pajaritos y de almas cándidas: con CiU, no hubiera sido, en absoluto, diferente. Para nada. Que nadie se lo vaya a tragar de cara al 28 de noviembre (que va a ser el 28, vaya, hombre…). O liamos una bien gorda, o nos vamos al mismísimo guano.

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