Las universidades españolas están peor valoradas que las chinas y al mismo nivel que las de Malasia

Ángel Villarino.  La semana pasada se publicaron dos rankings valorando la calidad y los recursos de las mejores universidades del mundo. Ambos estudios, comisionados por instituciones anglosajonas, destacaban el ascenso de los centros de educación superior asiáticos. Su presencia parece haberse consolidado en este tipo de informes en detrimento de países que, como España, apenas son dignos de mención.

La clasificación ofrecida por Times Higher Education colocaba 11 universidades japonesas, 11 chinas (cinco de ellas en Hong Kong), cuatro surcoreanas, dos indias, dos taiwanesas y dos de Singapur entre las 200 mejores. La única española incluida en la lista era la Universidad de Barcelona, perdida en el puesto número 186, lo que coloca la potencia educativa de nuestro país a la altura de naciones como Malasia.

Aunque la metodología utilizada para este tipo de estudios no está exenta de polémica, parece evidente que el ascenso asiático es una constante. Los expertos lo explican haciendo notar que la inversión de los países orientales no ha parado de crecer en los últimos años, mientras en la Europa continental se ha estancado o incluso está disminuyendo. En el campo de la investigación el resultado es parecido. China, sin ir más lejos, dedicó en 2008 un 1,52% de su PIB a Investigación + Desarrollo, frente al 1,27% de España, uno de los más bajos de la Unión Europea. De hecho, el gigante asiático es ya el cuarto país que más dinero dedica a la investigación, sólo por detrás de Estados Unidos, Japón y Alemania.

Los esfuerzos de las potencias orientales en el plano científico tienen ya un impacto concreto en el comercio mundial. Casi todas las economías asiáticas, incluida China, exportan cada vez más productos de alta tecnología, copando nichos de mercado que antes eran privativos de países occidentales. Aunque todavía está muy lejos de conseguirlo, Pekín pretende dejar atrás su condición de “fábrica mundial” de manufacturas baratas para consolidarse como una potencia tecnológica.

Sin escuelas de élite

Expertos del sector explican que el nuevo modelo asiático se inspira en la concepción elitista de la educación propia de los países anglosajones, mientras que en naciones como España, Italia e incluso Francia se ha impuesto la opción universal e igualitaria: hacer llegar el conocimiento hasta todos los rincones y clases sociales, sin potenciar “escuelas de élite”. Así, mientras en nuestro país las inversiones educativas han servido para levantar decenas de nuevas facultades en cada comunidad autónoma, en Pekín, Hong Kong, Singapur o Taipei proliferan los centros reservados para los mejores estudiantes y para aquellos que pueden pagar las elevadas tasas.

Algunas voces críticas señalan que los listados elaborados por instituciones anglosajonas pecan de chovinistas y premian excesivamente el impacto de publicaciones y programas en inglés. Esto, curiosamente, también beneficiaría a muchas universidades asiáticas, que están haciendo increíbles esfuerzos en internacionalizar su profesorado atrayendo talentos desde el extranjero, publicando cada vez más en la lengua franca de la globalización y ofreciendo materias en inglés.

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