Cementerio educativo

encracovia.blogspot.com   Pues claro que sí. Hay días en los que uno se levanta y, viendo noticias como ésta, le dan ganas de echarse una bombona de butano a la espalda y pasearse por algún pasillo interministerial…Como es bien sabido por todos, si en algo destaca nuestro queridísimo país es en materia educativa. Nos sobra educación por todos los lados, tanto cívica como académica. Y sino, os puedo contar mi experiencia como profesor en formación durante los últimos años. Os puedo contar como, cada vez más, las aulas universitarias se parecen a un instituto de secundaria, llenándose de alegres mozuelos que escogen estudiar una carrera porque se está más cómodo y calentito que en un taller. Pero ojo, que siempre hay muchas y brillantes excepciones y, en el fondo, la culpa no es del todo suya. Aunque sí en parte. Porque en muchas ocasiones las narices que les sobran para replicar sin argumentos a sus compañeros o educadores, torna en blanda mansedumbre cuando se trata de pelear por lo que verdaderamente merece ser objeto de lucha: su propia formación. Y es que enfrentarse a un sistema educativo tan degradado, absurdo y preocupado por la excelencia de calculadora tiene que ser verdaderamente desmoralizador. Yo si fuera ellos procuraría volverme francés, o italiano. Y movilizarme.

Y eso que lo que se ve en los pasillos de la facultad cuando cae el telón tras la clase es algo que en realidad casi nadie cuenta. Y así, pocos saben que en política universitaria se suele primar el ahorro frente a la calidad. De manera que cuando toca contratar a alguien, se opta por alguien nuevo y externo. Alguien que normalmente cuente ya con un trabajo remunerado que le permita hacer frente a los gastos. Porque sino, que alguien nos explique como una persona puede dedicar su vida a la docencia como profesor asociado (P6) por una paga de 815 euros. Evidentemente la calidad se suele resentir. Aunque también aquí ha habido siempre y habrá auténticos profesionales. Pero lo cierto es la labor docente no deja de ser muchas veces sino una medalla curriculera que colgarse, que redita lo suficiente como para medrar en otros puestos o poder permitirse algún capricho de vez en cuando.

Pero ahí no acaba la sarta de mentiras del sistema educativo español. No señor. Pocos conocen que no mucho tiempo ha que se modificó el sistema de acreditación para catedráticos que existía. Si bien aquél era un sistema viciado, plagado de colegueos al más puro estilo delfinato, el nuevo es igual de dantesco (o peor). Y es que se ha abierto la espita para que auténticos meningíticos alcancen la cátedra a peso. Porque lo que la ANECA valora, en tiempos de preservación ecológica, es precisamente el papel. Cuanto más mejor. De manera que los baremos y puntuaciones que miden la calidad (como quien mide la distancia con una balanza) se establecen en atención al número de publicaciones. Por nefastas que sean. Relegando al limbo de los justos a otros menos prolíficos, pero más doctos que aquéllos. Y como la política también llega a nuestras aulas, ahora también es necesario acreditar haber desempeñado labores administrativas en la facultad (secretario de departamento, decano, custodio del sagrado sello, etc.). 

Y no nos vamos a olvidar de nuestros jóvenes investigadores. Esos que se quedan fuera del sistema cuando acaban su formación y han sido convenientemente exprimidos, porque como decíamos, un asociado resulta más económico que un ayudante (casi 300 euros). Esos a los que cuando hubo dudas acerca de la aplicación del recorte salarial del funcionariado, se les dedicó un Real-Decreto para despejarlas y despojarles de la poca esperanza que les pudiese quedar. Y es que a pocos en el Ministerio pareció importarles que su sueldo fuera ya mísero (unos 900 euros, cuando en otros países como Holanda, por la misma tarea se paga alrededor de 1650) y que fuesen contratados laborales cuyo contrato tenía fecha de caducidad a muy corto plazo y no funcionarios.

Evidentemente el panorama no es muy alentador y si seguimos recortando y no nos planteamos seriamente hacia donde estamos yendo, nuestros hijos tendrán que huir, como hacemos algunos de los presentes ya hoy en día. Aunque para entonces tal vez ya sea demasiado tarde. Y es que como decía al principio, nos sobra educación. Porque si no nos sobrara, hace tiempo que nos habríamos ciscado en los muertos de alguno. 

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