La política que ha hecho Maragall la podría firmar perfectamente Convergencia ´

Xavier Besalú. Diaridegirona.cat

Pedagogo y profesor de la Universidad de Gerona. Acaba de publicar "Pedagogía sin complejos. Contra fa-talistes y sabios" (Ediciones del CReC), una recopilación de artículos en los cuales expone un punto de vista crítico sobre la enseñanza. En el libro, que el jueves presentó a La Llibreteria de Gerona, Besalú pide un debate público serio sobre la educación.

Describa los fatalistas y sabios del título del libro.
Hay un discurso hegemónico de gente que lo ve muy negro y que, para ellos, la educación de antes era mucho mejor. La verdad es que en las escuelas y los institutos hay problemas, pero nunca se habían hecho cosas tan interesantes como se hacen ahora. Es curioso que fatalistas hay inmovilistas, refrectaris a cualquier cambio y que querrían devolver al sistema educativo de hace 50 años; pero también hay un sector esquerranós que vendría a decir que la escuela y el sistema reproducen la situación social y que, por lo tanto, no hay nada a hacer.
Y entonces está el hecho de que todo el mundo opina sobre educación …
Éstos son los sabios. Es lógico que todo el mundo hable y opine, igual que de salud. Hay los sabios que hablan de todo, vía tertulias, y algunos fines y todo escriben libros que quieren ser especializados en educación y, francamente, no saben. Y también hay todo un sector decimos-de ello de la inteligencia, de gente experta en otros campos. Para decir dos nombres: uno de español, Antonio Muñoz Molina, y uno de catalán, Quim Monzó, que a veces hacen referencia a la pedagogía y a la educación sin saber nada. Los sabios dicen cosas que son absolutamente mentira pero, claro está, están bien escritas y vienen de gente que tiene influencia.
Habla del currículum educativo y cuestiona que se ajuste a las necesidades de los estudiantes para enfrentarse al mundo. ¿Por qué?
Primero, porque es demasiado tradicional, los currículums oficiales tienen una parte de herencia histórica importante, tocarlo cuesta mucho y, para no hacerlo, se van añadiendo cosas. En segundo lugar, porque es muy poco funcional, ya que, en general, se ha hecho con unos parámetros muy desatados de la vida cotidiana y de su utilidad, con el argumento que se tienen que formar las mentes; eso es evidente, pero la formación tiene que servir para la vida. La tercera razón es que el currículum se ha diseñado pensando que la cultura buena es el occidental; y eso, en un entorno tan globalizado, tan mezclado, incapacita para comprender el mundo de hoy.
También defiende que se modifique para adecuarlo a la llegada de la población inmigrada, mientras que se opta por recursos como las aulas de acogida. ¿Qué piensa?
Creo que son cosas diferentes. Tenemos que preparar a todo el mundo para vivir en una sociedad muy plural y muy compleja. La educación no tiene que cambiar porque hay extranjeros, sino porque el mundo ha cambiado en el sentido que se ha hecho mucho más rico en pluralidades. No tenemos que preparar los extranjeros para que se incorporen a lo que ya tenemos, sino que aprovechar que se incorpora gente extranjera para hacer una educación de más calidad. A veces se dice que las familias extranjeras no van a los centros. La pregunta es: ¿las catalanas tienen una relación muy fluida con las escuelas y los institutos? No. Sobre el fracaso escolar, es evidente que algunos grupos marroquíes o gambianos tienen peores resultados que la media; pero antes ya había fracaso escolar al sistema educativo catalán. Y podemos seguir con la religión, tema que en la escuela está estructurado de una manera bastante desgraciada. El problema no lo han traído los extranjeros. Las leyes reconocen que en la escuela se puede enseñar el islam, la religión judía y las protestantes. ¿Por qué tenemos que dividir a los alumnos en función de la adscripción religiosa? Es una hipoteca del concordato con la Iglesia católica prácticamente preconstitucional.
¿Y sobre las aulas de acogida?
El planteamiento que se ha hecho en Cataluña de este tema, para mí es modélico. La idea de las aulas de acogida ha tenido una doble virtud: ofrecer una atención y una protección especial a los niños que no dominan la lengua. Pero se tiene que tener en cuenta la importancia del centro y del tejido comunitario.
En el libro, repasa la relación educación-inmigración a las dos últimas décadas. ¿Puede sintetizar la evolución y el momento actual?
En el primer momento causó sorpresa y miramos a los países que tenían experiencia, fijándonos sobre todo en Francia. A la década de los 80, se pensaba que los extranjeros vendrían a trabajar y al cabo de un tiempo se irían. Pero se ha visto que la mayor parte se ha quedado, y en Europa se ha pasado de pensar que se tenía que hacer una educación sólo para inmigrantes a pensar que se tienen que cambiar cosas del sistema educativo y del currículum escolar porque el mundo ha cambiado.
¿Se atreve a decir hacia dónde irá este proceso a la escuela?
El tema migratorio es un factor más pero también están las políticas educativas que, en este momento, en Europa son muy transversales entre derecha e izquierda. Dicho de otra manera: la política que ha hecho al consejero Maragall la podría firmar perfectamente Convergencia y, además, está en sintonía con las políticas que se hacen en Francia, en la Gran Bretaña y en Alemania. A la educación, hay una línea de fondo que lo acondiciona todo mucho más que el tema migratorio.
¿Lo puede concretar?
Por una parte, una política que dice que las escuelas tienen que competir, tienen que entrar en un mercado donde tienen que ofrecer sus resultados de manera que la clientela pueda escoger. Eso tiene muchos peligros, porque obliga a la escuela a crearse una imagen y tiene muy poco en cuenta que la educación y los resultados tienen más que ver con la condición social que con el proyecto educativo de cada escuela. Otra cuestión es la obsesión por las evaluaciones, que indirectamente pueden condicionar lo que se hace a las escuelas, convirtiéndolas en un entrenamiento para superar las pruebas. En cambio, hay temas que han desaparecido de la agenda política: ahora apenas se habla de pública y privada ni de la educación de adultos, que los gobiernos del tripartito han dejado totalmente desasistida. La razón es que la educación no va en la dirección de la humanización, la eficacia y la compensación de los que tienen más dificultades, sino que va a cuidar más la imagen y a estimular la diferenciación ella social bajo nombres bonitos como autonomía o cultura de la evaluación.
Explique la afirmación que detrás de la atención a la diversidad a veces hay prácticas educativas injustas y discriminatorias.
Estos recursos a veces lo que hacen es proteger los que no son considerados diversos. A menudo, la idea de la atención a la diversidad es un eufemismo que se utiliza para decir que atenderemos los que nos traen problemas. Para educar, tenemos que partir del lugar donde están estos niños, porque sino no aprenderán, pero el objetivo tiene que estar muy claro y no se puede rebajar porque todo el mundo tiene derecho a llegar; pero con la atención a la diversidad a veces se ofrece una educación de menos calidad, sencillamente porque se considera que ellos nunca llegarán. Así que mucho de cuenta, porque muchas veces lo que hacemos es consolidar la desigualtat.
También atribuye connotaciones negativas al "concepto competencia" educativa, en el cual la administración no para de referirse.
Hago una lectura negativa y una positiva. La negativa es que las competencias vienen del campo económico y empresarial, y adaptarlo en el mundo escolar tiene algunas perversidades porque en educación no todo se puede medir, controlar y ver. Ahora bien, también tiene una lectura positiva porque las competencias dicen que la enseñanza tiene que ser más funcional, que el conocimiento no está compartimentado en disciplinas y áreas, y que aquello aprendido se tiene que saber utilizar en situaciones nuevas.
Responda la pregunta que titula el apartado del libro dedicado a las reformas educativas: ¿son una mentira o una apuesta de futuro?
Las grandes reformas tienen una parte muy grande de simbolismo, de propaganda, de discurso más que de práctica. Como la educación es política social, tenemos que entender que tiene una gran connotación política y ha ido ligada a los grandes ciclos políticos. Si la educación quiere preparar a los jóvenes para vivir en el mundo que los ha tocado, es evidente que necesita adaptaciones permanentes. Por lo tanto, las macro-reformas tienen más de mentira que de verdad, pero los cambios para adaptarse al mundo que ha tocado vivir son absolutamente necesarios. 

 
 
 
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