Después de la huelga de maestros…

Después de la huelga de maestros parece que hay que concluir que falla la confianza en la consejería porque, más allá de las discrepancias legítimas, está la convicción de que se ha recibido un trato de quien se cree con la verdad absoluta y de quien analiza la educación con criterios más de resultados económicos que como uno de los instrumentos constitutivos de la sociedad y elemento imprescindible de su transformación

Sixte moral. El Punt.cat

Si se reclama que los sindicatos usen su derecho a la huelga con responsabilidad, también se tendría que preguntar al consejero que actuara para encontrar las complicidades de los que, finalmente, tienen que llevar la normativa en la práctica.

Escribo estas rayas cuando todavía no se ha hecho la huelga de maestros, la cuarta en dos años, y cuando salen publicadas ya habrá pasado la jornada de movilización. No sé, pues, cuál habrá sido el seguimiento, pero fuera el que fuera -hay una cierta sensación de fatalismo en la utilidad de la huelga-, una vez más habrá manifestado el malestar del sector educativo por las políticas de la consejería.

Hace uno días asistí a un debate sobre cultura; los ponentes -no hay que mencionarlos- eran de lujo y me causó un cierto desasosiego que de uno de ellos, relacionando, acertadamente, cultura y educación como un binomio indisociable en el futuro de nuestro país, hizo unas afirmaciones creo que impactantes. El ponente en cuestión no es ni mucho menos alguien que sea ajeno al el entorno ideológico del tripartito, pero afirmaba rotundamente que el sistema educativo hacía aguas porque se había perdido aquella energía de hace veinticinco años, que se ha perdido la satisfacción y la ilusión de sacar adelante las escuelas y los proyectos educativos.

Quizás las afirmaciones eran demasiado duras, pero la realidad es que observas un cierto cansancio, pero no de la profesión, ni de los retos cotidianos que el trabajo te plantea diariamente, ni asusta al trabajo de encontrar nuevas maneras, nuevas fórmulas para hacer más positiva el trabajo. Falla la confianza en la administración, falla la confianza en la consejería y falla, creo, porque más allá de las discrepancias legítimas en algunos aspectos, está la convicción de que se ha recibido un trato de quien se cree con la verdad absoluta y de quien analiza la educación, sobre todo la pública, con criterios más resultados económicos, burocráticos y satisfacción administrativa e inmediatos, que no como uno de los instrumentos constitutivos de la sociedad y elemento imprescindible de su transformación. Ha fallado la condición de relación entre quien tiene que ordenar y quien tiene que aplicar la ordenación; ha fallado la política, pues, de la consejería.

Después del rechazo sindical y de buena parte del profesorado a la ley de educación, hacía falta para el bien del sistema que hubiera habido un proceso de acercamiento para que su desarrollo significara el retorno al espíritu que permitió firmar el pacto por la educación. No ha sido así; una serie de temas vinculados a la ley y otros de endémicos han generado un nuevo desencuentro que culminó en una huelga que ya primeramente se prevé que no será mayoritaria, sin que eso la descalifique, ni que eso quiera decir que haya una sensación de una fractura cada vez más profunda entre la consejería y los y las maestras. Hay que ir más allá del calendario escolar, las plantillas, las no sustituciones, los recortes presupuestarios … temas en qué bien seguro de que, con una profundización en la negociación, quizás se habría podido llegar a acuerdos. Se plantean ahora también temas de mucha más profundidad como son el proyecto de autonomía de centros y los de la evaluación, que afectan, sin duda, los aspectos laborales y profesionales y, por lo tanto, con la necesidad de encontrar amplios acuerdos para que su formulación práctica sea exitosa.

El consejero, en manifestaciones en la televisión acusa -o si se quiere, manifiesta- que el sindicados quieren volver a discutirlo. No creo que los sindicatos sean tan ilusos de creer que las leyes aprobadas se modifican de esta manera. El Parlamento ha hecho su trabajo y naturalmente la aplicación y despliegue de la ley no da para discutirlo todo otra vez, pero sí que habría dado la oportunidad, por la vía práctica en su aplicación, de la aproximación de posiciones que hiciera viable no solos lo que se desprende de la ley, sino hacerlo de manera que generara una nueva expectativa de trabajo que permitiera que todo el mundo remara en la misma dirección con la intensidad que le corresponda a cada uno.

No ha podido ser o no ha habido bastante voluntad que fuera así y todo el mundo tiene su parte de responsabilidad. Algunos más que otros. Y no hay duda que quién tiene la capacidad de organizar, ordenar y desplegar la ley tiene mucha más. Si se reclama, con razón, que los sindicatos usen su derecho a la huelga con responsabilidad, ya que la educación es un servicio público, también se tendría que pedir al consejero que en los mecanismos de despliegue de la ley actuara con más responsabilidad por encontrar las complicidades de los que, finalmente, tienen que llevar la normativa en la práctica. No creo, como nos quieren hacer creer, que haya muchas diferencias de modelo en el campo educativo, cómo dice el consejero, entre el que vuelan y dicen los sindicatos y el gobierno, más bien hay una pérdida de confianza por las actitudes que se han mantenido con respecto a las negociaciones y a las imposiciones que se han ido haciendo desde la consejería y eso hace más dolorosa y distanciadora, desdichadamente, la huelga del pasado día 17. 

 
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