Los numeros cantan

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Siete de cada diez maestros están disconformes con la Ley de Educación. Sea por la actitud del consejero o porque rompe el esfuerzo y la lucha de muchos años, ya que postulados históricamente reivindicados desde posiciones de progreso no sólo no se recogen, sino que algunos puntos son contrarios

03/11/09 02:00 – Sixte Moral

Lo más grave es la pérdida de confianza de una mayoría de docentes en el consejero y en la consejería.

De buena mañana y oyendo RAC-1 confirmo, con una cierta sensación de desasosiego, lo que he escrito en varias veces en estas páginas respecto a la poca calificación que merece la Ley de Educación entre los y las profesionales. Siete de cada diez maestros están disconformes con la ley, según la encuesta realizada por la consejería y anunciada por la emisora. Siete de cada diez señalan algunos motivos por los que creen que esta ley no ayudará la escuela y que la ley sigue manteniendo privilegios de la concertada ante la pública. Las cifras son determinantes y contundentes. Y ante estas cifras el consejero Maragall comenta que, además de que algunas de las afirmaciones sobre la ley no son ciertas y son tergiversadas, cree que el despliegue de la ley ya destruirá esta desconfianza. Tengo mis dudas que esto sea así, al contrario, creo que el despliegue de los aspectos de la ley generará aún más desconfianza y conflicto.

Los inevitables tertulianos de cada día, después de conocer los detalles de la encuesta, se muestran relativamente críticos con los maestros y dicen cosas acertadas, sobre todo cuando explican que la ley no se hace sólo por los maestros sino por la escuela y para la sociedad . Es así, pero no deja de sorprender que quienes tendrán que aplicar se manifiesten en contra de su validez. Y en medio de las opiniones destaco la del entrañable e inefable Toni Bolaño, que manifiesta que los maestros confunden la ley y su convenio colectivo. Hombre, Bolaño! Seguramente los maestros no somos todos y todas lumbreras, pero sí sabemos distinguir mínimamente entre los dos aspectos, y la segunda afirmación roza la comedia: se jacta de que la consejería ha tenido pimientos de enfrentarse a los sindicatos y hacer la ley. Este seguramente es el real problema, que es una ley hecha por pimientos (no quiero creer que con los pimientos) y no con el diálogo con el sector profesional implicado y receptor de gran parte de la ley. Puede que una ley debe hacerse desde el raciocinio, la palabra, quizás un poco con el corazón y con osadía, con los pimientos se hacen otras cosas seguramente dignas y positivas también, pero no leyes.

La ley, cualquier ley, no se puede sustentar sólo con el apoyo del sector implicado, sino que debe tener un apoyo que vaya más allá de los directamente implicados, un apoyo social más amplio, pero se hace difícil de entender y es extraño que entre el sector, entre aquellos y aquellas que lo han de implementar, el rechazo sea tan alto. Hay una buena parte del profesorado que está decepcionado con esta ley por la actitud del consejero a lo largo de la tramitación y porque rompe el esfuerzo y la lucha de muchos años, porque postulados que históricamente han sido reivindicaciones desde posiciones de progreso y de país, no sólo no se recogen en la ley, sino que, en algunos puntos, son manifiestamente contrarios.

 
Lo más grave, pero, a nuestro entender, es la pérdida de confianza de una mayoría del personal docente en el consejero y en la consejería. Y eso, lamentablemente, no creo que se pueda modificar en un corto plazo. Pero aunque entendemos que es más grave que, al margen de las consideraciones sobre la ley, y según la misma encuesta, ocho de cada diez profesionales consideran mala o muy mala la gestión del día a día y las medidas que la consejería ha ido tomando respecto a varios temas, como los horarios, el calendario o la medida estrella del rechazo, como es la de las horas extraordinarias. Si en la ley ha fallado la política, como expresión de la negociación y el debate, del diálogo y la contrastación con el sector y de la búsqueda de un amplio consenso, que, como mínimo, funcione la gestión. Sería de agradecer que en lo que repercute en el día a día: horarios, cobertura de las bajas, sustituciones al día, cubrir la atención al alumnado con dificultades específicas y en otros temas que dificultan la cotidianidad, la gestión fuera ágil y no generara un problema permanente como parece que es ahora.

Resuelto esto quizás se podrá empezar el deseado y necesario proceso de recuperación de la confianza rota. Habrá esfuerzos por parte de todos, pero más de quien ostenta el poder y la representación popular, lo que obliga a más.

 
 
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