DECEPCIONES DEMOCRÁTICAS EN AFGANISTÁN

 
DECEPCIONES DEMOCRÁTICAS EN AFGANISTÁN
Tres años después del comienzo de la Operación Libertad Duradera, que llevó a una coalición internacional liderada por EEUU a invadir Afganistán en respuesta a los atentados del 11-S, el país centroasiático afronta sus primeras elecciones democráticas.A primera vista, las cosas en Kabul han cambiado mucho. Nuevos edificios acristalados, restaurantes y tiendas elegantes, telefonía móvil e internet y hasta una réplica de la fiesta de la cerveza bávara. Ser occidental en la capital nunca fue tan agradable. Pero fuera de los guetos de diplomáticos y cooperantes, los afganos siguen malviviendo de la caridad. Este es el feudo del presidente Karzai, a quien sus paisanos llaman desdeñosamente el alcalde de Kabul porque su poder no va más allá de los arrabales urbanos.Los valles y montañas, donde vive el 85% de la población, han regresado al pasado. El estado vuelve a estar dividido en califatos, regidos por los señores de la guerra que han alimentado un cuarto de siglo de conflicto. Personajes como el uzbeco Rashid Dostum, los tayikos Yunus Qanooni, Ismail Khan y Mohamed Fahim o el hazara Mohamed Mohaqeq. Autócratas con decenas de miles de muertos a sus espaldas que, en vez de ser juzgados por sus desmanes, han sido legitimados por Washington y obtenido cargos en el gabinete de Karzai, mantienen ejércitos privados e incluso concurren a las elecciones.
Cerca de 27,000 soldados extranjeros, que en todo este tiempo no han logrado capturar ni al Mulá Omar ni a Bin Laden, patrullan en Kabul y en algunas de las principales localidades. El resto es tierra de nadie. La criminalidad en las zonas rurales es tal que los desplazamientos son una temeridad y muchas familias huyen de las aldeas para resguardarse en las ciudades. En el sur hay ataques diarios contra las tropas de la ISAF.Desde enero de 2004, 25 cooperantes han sido asesinados y numerosas ONG han abandonado un lugar en el que es demasiado peligroso trabajar.Los caudillos locales eliminan oponentes e intimidan a un pueblo tradicional y analfabeto. Tres de cada cuatro mujeres no se han inscrito en el censo, aunque muchos hombres lo han hecho varias veces. Los ancianos y ulemas se reúnen para decidir el voto de sus comunidades, que se otorga al candidato étnica y geográficamente afín. Todavía hay más de un millón de refugiados en los asentamientos de los países vecinos, donde el registro no ha finalizado. Y habrá apenas 230 observadores para 5.000 colegios electorales.
Hamid Karzai, protegido de George Bush, es el favorito. Sus guardaespaldas son estadounidenses porque desconfía de su policía. Incluso admite que los cabecillas guerrilleros, que hasta hace poco formaban parte de su corrupto gobierno, constituyen una amenaza mayor para la estabilidad que los talibanes y Al Qaeda.Sin embargo, les ofrece ministerios en el futura administración a cambio de que se retiren del proceso.Pretender que en semejantes condiciones pueden celebrarse unos comicios libres y limpios es absurdo.También es una estrategia muy arriesgada, puesto que los resultados exacerbarán las divisiones internas y la belicosidad de unos señores de la guerra poco acostumbrados a aceptar las derrotas por algo tan poco familiar como las urnas.
 Los afganos más que papeletas necesitan seguridad, trabajo, hospitales y escuelas. ¿No sería más juicioso posponer la votación hasta que el territorio haya sido pacificado, las milicias desarmadas, el censo concluido y la ciudadanía informada?.A menudo, política y sensatez parecen no tener ancestro común. Los afganos tienen que votar en octubre porque los estadounidenses votan en noviembre. Lo que está en juego en Afganistán es la reputación de la lucha global contra el terrorismo dirigida por la Casa Blanca. Un plebiscito, por chapucero que sea, en el refugio de Bin Laden permitirá a Bush invocar la victoria del Bien sobre el Mal, el triunfo de la libertad sobre la tiranía y predecir lo mismo para Iraq, argumentos vitales para defenderse de los crecientes ataques de Kerry.
Ironías del destino: el presidente del estado más poderoso necesita los votos de la población más miserable para respaldar su candidatura. Y, al día siguiente, los afganos despertarán para descubrir que la democracia no mejora sus vidas.
Jordi Raich
Autor del libro: El espejismo humanitario (Debate)
Octubre 2004
 
Conocí al autor con la lectura del articulo: http://www.lainsignia.org/2001/octubre/int_079.htm
 
 
 
 
 
 
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3 comentarios en “DECEPCIONES DEMOCRÁTICAS EN AFGANISTÁN

  1. BeGoÑa dijo:

    Excelente tu resumen de la situación de Afganistán, al final sufren siempre los mismos…los más pobres, lo más ignorantes, los fanáticos de la religión mal entendida por simple incultura. Pero la pena es que no podemos hacer nada, no somos políticos ni líderes…solo espero que los militares españoles destinados allí no pierdan su vida aunque sea su profesión y sean acuerdos del anterior y del actual gobierno. Porque en este mundillo político no se salva nadie….todos quieren poder, dominación, petróleo….con el amor y respeto a los derechos humanos y hacía cualquier condición religiososa, política,…irían mejor las cosas, pero los intereses de cada país y de llegar a ser el líder mundial. complican a todos los países al final….Un besazo, que hacía tiempo que no hablabamos, y desearte que seas inmesamente feliz. Bego,

  2. Alicia dijo:

    Hola vengo a visitarte ya que no he podido venir antes, ya sabes el porque y en mi blog lo pone. Ahora no puedo pasar con tanta frecuencia como antes, pero siempre confío en ti, se que estas ahí y que me vistas y por todo eso te doy las gracias. Gracias por tu cariño y tus visitas en mi espacio, me dais mucho cariño y eso ahora es lo que más necesito. Un lindo beso.

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