Diga que no a su hijo o hija

 
Diga que no a su hijo o hija
ANTONI Bassas
 
Cuando todavía comen con los amigos las proezas de algunos brètols durante las fiestas de Gràcia (si no se enfrentan con los Bocados no hay fiesta), salta la noticia de la muerte de un vecino de Esparreguera a manos de unos menores que él había retomado. Conmoción y búsqueda de los porqués. Me ha venido a la cabeza la afirmación del doctor Ferran Sáez en su libro sobre los medios de comunicación y los valores que los medios no llenan de valores personas que no tienen cabeza. Aquí debe estar parte del problema. Ignoro si es el caso concreto de Esparreguera, pero preguntáis a los maestros y os dirán como cada día deben trabajar con chicos y chicas a quienes ya hace mucho tiempos que nadie pone límites. El día que alguien osa perturbar su libre albedrío con una observación sobre su conducta, se rebotan con violencia.
Los abuelos dicen que ahora es más difícil hacer de padres. Es probable. Pero estoy dispuesto a reconocer que también es más difícil hacer de joven hoy. Pongámonos en su lugar: ¿seríamos capaces de renunciar a nada, cuando es posible habla por el móvil- jugar con la nintendo-ver la tele-bajarse una canción todo a la vez, cuando corren el dinero como nunca han corrido, cuando el móvil permito cambiar de planes cada cinco minutos, cuando gracias a internet los deberes se hacen en un copy-amaso, cuando la publicidad crea necesidades de satisfacción inmediata? Hay tanto por descubrir que, si vuelan probar- lo todo, a la fuerza deben empezar más jóvenes. 
Hay una mujer que sabe mucho de esto, la doctora Maria Jesús Comellas, que me revelaba que a sus conversaciones con alumnos de ESO, cuando los chicos y chicas se quedan solos y se sinceran, a menudo le reconocen que los padres los dicen que sí a todo, que parece que los padres los tengan miedo y que, más allá de cuatro quejas de rutina cuando traen malas notas, no los ponen límites. Sáez añade: "La permisividad de los padres ya no puede aumentar más, porque la actitud familiar de dejar hacer ha tocado techo". Así se explica aquello de aquella profesora de educación especial que gritó a un padre: "Es que su hijo me ha dicho hija de puta". Y el padre va y le contesta: "Y por esto me ha hecho venir?".


 

 
 
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