No es posible olvidar

 

No es posible olvidar

En algún que otro escrito he afirmado que después de treinta y tres años de la muerte del dictador el franquismo sociológico continúa subsistiendo y el franquismo político cada vez que puede saca la cabeza. Recuerdo haber escrito que si por desgracia volviera a aparecer un dictador, una parte importante de los votantes y los militantes de la derecha de este país volverían a formar del partido único. Sé, y soy consciente de ello, que en la derecha política hay personas totalmente democráticas y de convicciones nada sospechosas. Pero desgraciadamente conviven con estas otras a las que me refería anteriormente. Y este franquismo sociológico y político -que se apunta al carro del revisionismo histórico por no decir histérico- se pone de los nervios cada vez que oye hablar de memoria histórica, de quitar títulos honoríficos al dictador o de intentar buscar aquellos desaparecidos de la guerra a quienes sus familiares nunca dejaron en el olvido y que tienen el mismo derecho a ser enterrados y llorados dignamente. La transición fue un pacto de perdón, pero no de olvido.
El perdón es voluntario, no se necesita más que un ejercicio de voluntad, pero el olvido no. No se puede olvidar voluntariamente. Ojalá fuera posible en más de una ocasión porque algunos recuerdos hacen sufrir, hacen sufrir lo indecible. Y se sufre más ante la dudad, ante la incerteza que ante la realidad asumida. Para poder pasar las páginas de la historia -sobre todo, si produce dolor- hay que haberlas leído antes y desgraciadamente la Guerra Civil y la posguerra escribieron demasiadas páginas que aún hoy no pueden pasarse porque no se han podido leer. Faltan a la verdad quienes dicen que con la transición la sociedad española selló el olvido. Conocer el pasado es vital para preparar el futuro y no volver a caer en los mismos errores y para ello decisiones como la del juez Garzón de buscar a los desaparecidos del franquismo eran cuestión de tiempo. Si no hubiese sido él hubiera sido otro, era inevitable. Es inevitable que cerremos las dramáticas páginas de nuestra historia reciente. Quienes se oponen a ello, quienes buscan el olvido ya sabemos quiénes son, ya los conocemos. Son los mismos de siempre. Pero también ellos tienen su página por pasar, su historia que cerrar.
Nicolás Mengual Ferrando

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