Contradicción en los Juegos

 

MUCHOS CENSURAN LA FALTA DE LIBERTAD

Contradicción en los Juegos

ORFEO SUÁREZ (ENVIADO ESPECIAL)
 
PEKÍN.-"Si abrimos la ventana para que entre el aire fresco, no podemos evitar que se cuelen algunas moscas". La frase la tomó de un mariscal del Ejercito Popular Deng Xiaoping, padre de la China que puso en marcha hace ahora 30 años, con su programa de reformas económicas y apertura al exterior, y que hoy se estrena en Pekín como un verdadero actor global al exponer todas sus contradicciones desde el mayor escenario mundial: los Juegos Olímpicos.

El aire fresco es la economía de mercado que, patrocinada por el sistema y conjugada por un pueblo pragmático como pocos, capaz de resolver todos los conflictos entre el ying y el yang y de amalgamar el confucionismo, el taoismo y el budismo, ha convertido a China en una de las locomotoras de la economía mundial. Xiaoping encontró otra frase para definir semejante idiosincrasia: "No importa que el ratón sea blanco o negro, lo importante es que atrape ratones".

Las moscas no se han colado, sino que son las invitadas a la platea desde la que, lejos de impresionarse por el gigantismo y vanguardismo de la obra olímpica, desde la terminal de Norman Foster hasta el estadio conocido como El Nido, denuncian aquello que la mentalidad occidental no puede conjugar: la ausencia de libertades y la vulneración de los derechos humanos.

Pekín es la última herencia de la era Samaranch, que aunque siempre dijo que el deporte debía ir detrás de la política, en realidad utilizó el Comité Internacional Olímpico (CIO) como ariete diplomático. Su teoría, en la que insiste cuando se le pregunta, es que los Juegos aceleran los avances en el terreno democrático.

La posición de los dirigentes occidentales ha sido de doble moral. Sarkozy se aventuró a proponer un boicot a las ceremonias, en paralelo a los ataques a la antorcha y la represión en el Tíbet, que no ha llevado a cabo después de que los intereses económicos de Francia en China se vieran seriamente dañados.

España ha encontrado mecanismos para mantener el equilibrio, por la asistencia de los miembros de la Casa Real y un discurso apoyado en la tesis de Samaranch y en el respeto por los derechos de los deportistas. Incluso desde el Comité Olímpico Español y desde el Gobierno se ha emplazado a los participantes españoles a no hacer declaraciones políticas. En Moscú, en cambio, el Gobierno dio libertad a los deportistas para acudir o no, ante la propuesta de boicot de la administración Carter por la invasión soviética de Afganistán. Los que lo hicieron desfilaron bajo la bandera del COE.

Los cálculos cifran en 26.000 millones de euros el gasto olímpico, pero la transformación de la ciudad hace incalculable la cifra real. No todo está invertido en El Nido o El Cubo de Agua, encargados a arquitectos europeos que han podido trabajar sin límite de medios. De qué forma afectará a los deportistas es aún una incógnita. Es de suponer que los chinos tendrán ventaja. Quieren superar por primera vez a EEUU para visualizar esa revolución y salto de su deporte, que nada tienen que ver con la Revolución Cultural o el Salto Adelante de Mao. Pese a todo, ésta es otra China.

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