Sobre las oposiciones restringidas

 
Acaban de celebrarse nuevas oposiciones restringidas de Lengua española (castellana) para maestros licenciados, a las que ninguno de ellos debería acudir por el menosprecio con el que se les recibe y se les trata por parte de no pocos miembros del tribunal. Si tenemos en cuenta que estos examinadores proceden de IES, donde a los maestros licenciados que imparten el Primer Ciclo de la Eso se les oprime con horarios injustos y se les mira por encima del hombro, ¿qué otra cosa cabría esperar? Y los cargos de la Administración ¿no se enteran o hacen dejación de su deber? Porque estos maestros que se han licenciado mientras daban clase en un colegio y ahora llevan adelante la tarea más dura en los IES (primeros y segundos llenos de repetidores) no merecen el olvido que reciben por parte de la Administración de cultura.
Dice Gérard Genette que cuando las perspectivas desde las que se contempla un mismo hecho son diferentes cada perceptor extrae sus propias conclusiones, siempre determinadas por su estructura mental, o sea, son subjetivas. Y es esto lo que ocurre año tras año con unos tribunales elegidos por la Administración, que es responsable por lo tanto, situados en perspectivas opuestas a estos maestros licenciados, que acuden a oposiciones restringidas para no dar tumbos por los IES, recogiendo las migajas y los marrones que les tocan en sus respectivos departamentos. Por lo que suena y se percibe, no escasean indicios que apuntan a un vacío legal -en el que se desenvuelven estos profesionales de la enseñanza- que a nadie interesa aventar, ni dar una solución a corto plazo. Mi percepción particular me lleva a la idea de que este asunto resulta escabroso para todas las instituciones que tienen algo que ver con él, y por consiguiente lo mejor que se puede hacer es no agitarlo.
La situación de estos maestros que dan clase en los IES es en términos generales mejorable y extraña mucho que ningún sindicato haya cogido ya al toro por los cuernos; ¿acaso no les interesa…? Su acceso a cuerpo superior (de los maestros) es un derecho, porque poseen los requisitos para ello; y por eso ningún tribunal debería atribuirse la capacidad y el derecho de decidir sobre esta cuestión. ¿Qué sentido tiene que unos semejantes juzguen a otros semejantes, únicamente por las circunstancias casuales que a cada uno le ha tocado vivir?; y, en este mismo sentido, ¿qué diferencia a los maestros licenciados castellano-manchegos y a los valencianos, para que a aquellos se les exima de la exposición pedagógica en las oposiciones por su experiencia y aquí no? Veinte, treinta o más años de antigüedad ¿no constituyen motivo suficiente para suprimir esta prueba en las oposiciones restringidas? La Administración tiene dos asuntos pendientes, relacionados con estos profesionales: por una parte, resarcir a aquellos que tiran la toalla y no acuden a más oposiciones porque no creen en ellas, y, por otra, velar por la igualdad de derechos que éstos tienen en los Institutos.
Laureano García González
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