Carta del conseller d’Educació als docents

 

Ernest Maragall i Mira
Querido/da
A finales de noviembre de 2006, de eso ya hace más de un año y medio, el presidente de la Generalitat me nombró consejero de Educación. El nombramiento implicaba, en primer término, un encargo tanto estimulante como de evidente trascendencia: había que sacar adelante la primera ley de educación de Cataluña. La ley que nuestro país no ha tenido nunca.
Pues, había que hacer un dibujo inicial: Establecer el punto de partida que permitiera llegar a una ley de país; una ley concebida como instrumento y marco de referencia comunes para alcanzar los hitos, todas, que la sociedad catalana se plantea para la educación.
Este dibujo inicial nos lo ha dejado bien claro: contamos con un sistema educativo que cumple con creces el papel esencial que le corresponde; que ha acompañado con dignidad evidente el cambio social profundo que nuestro país ha experimentado los últimos treinta años, y que también ha sabido encajar el reto de acoger a los nuevos ciudadanos llegados al país en los últimos años, con especial intensidad en nuestras escuelas e institutos.
Pero hemos soportado este cambio social con un coste importante: es cierto, hemos dejado que se produjera un distanciamiento excesivo entre escuela y sociedad, entre sociedad y escuela.
Por una parte, se pide todo o casi todo a la escuela a la hora de resolver los conflictos y contradicciones de la misma sociedad. De la otra, ha disminuido significativamente el reconocimiento imprescindible que hay que otorgar a la tarea de todos los docentes, al esfuerzo que miles de profesionales han desplegado durante mucho tiempo, a menudo sin disponer de los recursos o las condiciones adecuados.
No es extraño, por lo tanto, que el dibujo de lo que partimos, presente evidentes desequilibrios internos y déficits no aceptables, que dificultan una respuesta del todo satisfactoria al encargo trascendente que el sistema educativo recibe de la sociedad catalana. Seguramente, el dato más expresivo de esta situación es el que nos dice que cerca del 40% de chicos y chicas no continúan la formación más allá de la educación secundaria obligatoria.
Es cierto que en los últimos años las cosas han empezado a mejorar, también en el terreno de los resultados académicos. Pero parece lo bastante evidente que estoy todavía demasiado lejos de lo que corresponde, de lo que corresponde a un país como Cataluña. Sería absurdo que ahora hiciera una lista de todo aquello que en los últimos años el Gobierno de la Generalitat ha invertido en educación; absurdo, porque ya lo sabéis y porque éste no es el propósito de esta carta.

Así, la Ley de educación de Cataluña adquiere todo el suyo sentido si se entiende como una herramienta potente para desovillar el proceso de creación de un nuevo marco de referencia y de unas nuevas reglas del juego que nos tienen que acercar en el nuevo dibujo final que, entre todos -insisto, entre todos- tenemos que completar: una educación que avanza con claridad cabe en los hitos de equidad y excelencia.
Soy bien consciente de que para conseguirlo será necesario contar con la complicidad positiva de los docentes y sé también que sólo la podremos obtener si hacemos bien patente la confianza y el pleno apoyo|soporte que esta profesión necesita en todo momento.
Entonces, sí: la responsabilidad y calidad con que ejercéis vuestra función se corresponderá con el que la ciudadanía, las familias y el conjunto de la sociedad espera encontrar como respuesta al encargo encomendado: la formación y la educación del futuro ciudadano y ciudadanas y la preparación permanente de los relevos|relieves generacionales, que hagan posible uno venidero con personas libres y responsables en una sociedad abierta, próspera y justa.
Por este motivo, uno de los objetivos principales de la Ley de educación de Cataluña es establecer el entorno a confianza y responsabilidad que los y las profesionales docentes merecéis. Es en este marco que los conceptos de autonomía, de formación, de carrera profesional, de dirección y de evaluación adquieren todo el sentido: son las piezas imprescindibles que nos tienen que servir para tejer una red educativa potente y capaz de plantearse todas las ambiciones.
Ya sé que todos estos conceptos son sospechosos de ser una declaración de buenas intenciones. Se trata, por lo tanto, de dotarlos de contenido real. Hace falta que se refuercen mutuamente, que nos ayuden a construir un modelo educativo de funcionamiento ágil, próximo y con los recursos suficientes. Un modelo en que cada centro pueda desplegar su proyecto con personalidad y carácter propio, visible y bien valorado por las familias y por el alumnado. Un modelo en que todos y cada uno de los docentes podáis explotar vuestras capacidades sin rigideces ni obstáculos artificiales. Sólo de esta manera haremos sentir|oír a todo el mundo partícipe de la escuela y el instituto; sólo de esta manera, con la percepción de poder decir con orgullo: "Yo he estudiado aquí y éste ha sido mi maestro/a y éste ha sido mi profesor/a".
Digámoslo claro, también: hay que recuperar conceptos como los de autoridad y respeto. Hay que dignificar la idea de esfuerzo y la de resultado; hay que rehacer los puentes no lo bastante firmes ni bien diseñados entre las diferentes etapas educativas, muy especialmente entre primaria y secundaria; hay que apostar por los estudios postobligatorios, tanto por|para el bachillerato como por|para los ciclos formativos de formación profesional, y hay que consolidar el crecimiento, en cantidad y calidad, de la nueva etapa educativa de 0 a 3 años. Y, finalmente, hay que contar con una formación artística y la de adultos imprescindibles por todo nuestro territorio.
Nos acercamos al momento que tanto hemos perseguido. Después de más de un año de trabajo intenso, de meses de debate apasionante en el país, en las escuelas e institutos, incluido en la calle…, ha llegado la hora de decidir, emprender un camino claro y definido para la educación en Cataluña, un camino que tenemos que recurrir como país y que no puede estar embrossat por el ruido ni por las interpretaciones que cada uno quiera sacar a partir de juicios de intenciones. En resumidas cuentas, la coyuntura no puede convertirse en brújula de la educación.

Próximamente, sobre la base de la propuesta de que ya conocéis, podremos cerrar el proyecto de ley que nuestro Gobierno presentará al Parlamento para debatirlo y, esperémoslo, aprobarlo.
Será ya un nuevo texto completo y articulado. Habrá recogido el fruto de las aportaciones que, desde muchas y diversas instancias, han enriquecido y ayudado a mejorar la redacción inicial.
Repasamos brevemente estas aportaciones:
El Consejo Escolar de Cataluña es bien cerca de culminar una tarea intensa y fructífera con la participación activa de todos los sectores que componen la comunidad educativa.
La Mesa Sectorial, compartida entre administración y sindicatos, también hará llegar los puntos de vista que se han expresado en defensa de los legítimos intereses profesionales del cuerpo docente.
Entidades representativas de madres y padres, organizaciones y empresariado del sector concertado, colegios profesionales, docentes, inspectores, familias, ciudadanos … han presentado alegaciones en el trámite de información pública o nos han hecho llegar propuestas, comentarios y críticas razonadas.
Por lo tanto, tendremos que recoger y tratar de incorporar todo este patrimonio riquísimo y saberlo convertir en una propuesta final equilibrada, pero ambiciosa y coherente con la estrategia y objetivos que ya contienen el Pacto Nacional para la Educación y el documento de bases inicial. Será una propuesta plasmada en un texto solvente jurídicamente y competencialmente, expresión también, del nuevo Estatuto que otorga un amplio espacio de decisión y gestión para nuestra educación.
En resumidas cuentas, tendremos que acertar en la redacción del cuerpo legal que, una vez aprobada, constituirá el marco de referencia general, el conjunto de las reglas del juego básicas para optimizar el funcionamiento y los resultados de la educación catalana.
Tiene que ser, por lo tanto, una ley capaz de recoger el máximo consenso y ocurrencia para que todo el mundo se sienta escuchado y representado, con espacio para correr y horizonte para conquistar. Tiene que expresar un diseño concebido para que|porque todos los activos de nuestro sistema educativo, públicos y privados, concertados o no, puedan desplegar proyectos, idearios y carácter propios con libertad real, contando -naturalmente- con el apoyo|soporte institucional adecuado para cada situación y con los recursos suficientes, provistos del reconocimiento imprescindible de la ciudadanía hacia maestros y profesorado.
Por todo eso, os quiero hacer llegar la documentación que acompaña este mensaje con la única pretensión de acercaros al contenido esencial y a los objetivos más destacados de la futura Ley. En la web http://www.lleieducacio.cat también podréis encontrar información y recursos sobre la Ley, así como un espacio para hacer aportaciones y consultas.
Si todo sucede con la normalidad democrática exigible, antes de un año Cataluña dispondrá de un modelo educativo propio, a punto para ser desplegado y llevado|traído hasta las últimas consecuencias en la busca de la equidad y la excelencia, principios que nos hemos fijado como inaplazables y que tenemos que perseguir con la misma intensidad y tenacidad|tesón en cada rincón del país, en cada escuela y en cada instituto, para cada alumno/a y en todas las circunstancias.

Os animo, por lo tanto, a seguir con atención el proceso que todavía tenemos por delante.
Con el diálogo y la generosidad de todo el mundo alcanzaremos los hitos de acuerdo anchísimo que nos hacen falta. El diálogo en el seno de la comunidad educativa, pero también entre las fuerzas políticas de gobierno y las de oposición y, todavía más importante, acompañados del apoyo|soporte explícito del conjunto de la sociedad catalana.
Muchas gracias por vuestra atención y dedicación.
Recibid un saludo cordial.

        

 
 
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