Hillary pierde fuelle

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Gran número de analistas estadounidenses creen que la carrera a la Presidencia de la señora Clinton, después de los desalentadores resultados del martes, ha concluido. El titular del Los Angeles Times días más tarde, “Se acabó”, resumiría un estado de ánimo generalizado. Eso en el periódico más importante de un Estado en que ella ganó claramente las primarias. Este fin de semana sufrió otro revés de importancia, por primera vez Obama, que va delante en votos y en delegados electos, la rebasa también en superdelegados, es decir, en los cargos del partido, miembros del Congreso, etc., que por razón de su posición tienen derecho a votar en la Convención que elegirá al candidato. La ventaja considerable que llevaba Hillary se ha esfumado, bastantes de los que le habían prometido el voto desertan diciendo que Obama es el candidato adecuado dados los números.

La señora Clinton no se apea del burro aunque sus apuros financieros se multiplican, su campaña debe ya unos 20 millones de dólares, una parte de los cuales a ella misma. Su empecinamiento empieza a preocupar a muchos demócratas, toda vez que para conseguir su objetivo, Clinton no sólo está dispuesta a cuartear la imagen de Obama sino a destruirla, lo que indudablemente le hace el juego a los republicanos.

Hillary y su marido, que parece tener una especial tirria a Obama por, entre otras cosas, haber dicho éste que en la crisis económica actual tiene responsabilidad no sólo la Administración de Bush sino la anterior (Clinton), no parecen tener muchos escrúpulos a la hora de atacar al adversario. Las insinuaciones más o menos sutiles de tinte racista deslizadas por el ex presidente al principio de la campaña han encontrado el viernes una expresión más palpable en la propia Hillary. Obsesionada con mostrar a la cúpula del partido que los trabajadores americanos están con ella, ha dejado caer que los buenos trabajadores (blue-collars) blancos estadounidenses no parecen muy propensos a votar a Obama.

Con lo cual, de un lado, fomenta la idea de que muchos blancos nunca votarán a un negro y, de otro, alimenta el cliché racista de que los blancos son buenos trabajadores y los negros más bien vagos. El dirigente de color Al Sharpton, inveterado seguidor de la candidata, ha comentado: “Me parece imposible que la señora Clinton haya podido decir tamaña barbaridad”.

Hillary se vuelca ahora en West Virginia, donde, por la demografía, es clarísima favorita (Obama casi no ha pisado el Estado). Hay pocos delegados, 28, pero le dará un poco de aire.

No falta quien piense que está ya tratando de encontrar una salida airosa, la Vicepresidencia, un alto cargo en el Senado, la asunción de una parte de sus deudas. Simultáneamente, se extiende la impresión de que si pierde, como parece el caso, la reputación del clan Clinton, por su política de tierra quemada, saldrá gravemente dañada.

Mariano Tolkachov

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