Parados de ayer y hoy

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Preguntado por la crisis económica, un poderoso empresario le quitaba hierro diciendo que podemos aguantar tasas de paro del 10%, pues ya sobrevivimos años atrás con un desempleo de más del 20%. Si lo miramos desde lo cuantitativo, tiene razón: hubo un tiempo en que uno de cada cuatro trabajadores, y la mitad de los jóvenes, estaba en paro. Y el país no estalló, es verdad, aquí seguimos.

Pero si miramos tras las cifras, el desempleo de hoy puede ser peor que el de antaño, aunque sea la mitad. Cojamos un parado de entonces y otro de hoy, y juguemos a encontrar las diferencias, como en el pasatiempo infantil. El parado de ayer, mal que bien, contaba con algún colchón para aguantar el momento: la prestación por desempleo, el denostado PER rural, la pensión o indemnización por reconversión de su sector o, en el caso de los jóvenes, la ayuda de los padres, en cuya casa todavía vivían.

El parado de hoy, en cambio, tal vez no tenga protección social por ser precario, temporal, falso autónomo o no tener ni contrato. En las zonas que un día fueron industriales, los parados de hoy son hijos de la reconversión de ayer, y ya se acabaron las ayudas. En cuanto a los jóvenes, se han independizado con hipotecas o alquileres altísimos, y sus padres, tras ayudarles con el piso, no pueden endeudarse más. Ahora que los ochenta están tan de moda, tal vez acabemos sintiendo nostalgia por aquellos parados. Eso sí: ellos no tenían Ikea, ni vuelos baratos, ni concursos de telerrealidad. Algo es algo.

ISAAC ROSA

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