Democracia y resignación

 

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El gran escritor Eduardo Galeano es uno de los más lúcidos críticos del sistema democrático que hoy impera en el mundo y que Estados Unidos está empeñado en imponer allí donde tiene intereses económicos. Galeano contaba que cierto día escuchó a un cocinero que un día había reunido a las aves, a las que les preguntó con qué salsa querían ser comidas. Una humilde gallina dijo: “Nosotras no queremos ser comidas de ninguna manera”. Y el cocinero aclaró: “Eso está fuera de la cuestión”.
Entiende Galeano que vivimos en un mundo organizado de tal manera que tenemos el derecho de elegir sólo con qué salsa queremos ser comidos. Nuestros gobiernos están regentados por el Fondo Monetario Internacional, el cual, a su vez, está gobernado por los cuatro países más ricos del mundo, que son, también, los que dirigen las Naciones Unidas, ejerciendo el derecho de veto en el Consejo de Seguridad. Es decir, los cinco gobiernos que gobiernan al resto de los gobiernos del mundo son los garantes de la paz y los principales fabricantes y traficantes de armas.
Efectivamente, está fuera de la cuestión si queremos o no ser comidos. La democracia neoliberal consagrada como el único sistema legítimo del que dispone la Humanidad para gobernarse nos garantiza en primer lugar y sin posibilidad de réplica que vamos a ser comidos. Cuando vamos a las urnas, lo único que hacemos es decidir con qué salsa nos van a comer: la nacional católica o la laica progresista. Encima, sólo tenemos dos salsas. Y presumimos de gastronomía.
Lo que me importa realmente es si hay alguna posibilidad de reconducir la situación actual y dejar de resignarnos a ser mera vianda del gran poder. ¿Es posible esto desde el marco legal actual, incorporando a las Cortes Generales voces parecidas a las de Eduardo Galeano, Ramón Chao, Adolfo Pérez Esquivel, y hacer un último esfuerzo para lograr que el Parlamento sea realmente la sede de la soberanía popular y no, como lo es en la actualidad, la sede de la soberanía del FMI? ¿Es posible que la prensa se convierta en un verdadero ariete que rompa los muros de la prisión en la que ahora se encuentra encerrada la esperanza de los humildes?
Si para las dos preguntas no hay respuesta positiva, sólo se me ocurre la posibilidad de unirme al movimiento bolivariano del tan injustamente denostado presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Mario López Sellés.Madrid.

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